La causa profunda de la escisión del PNV: el fracaso del Estatuto como apuesta del PNV y como legitimador del Estado español en Euskadi
reproduce el texto del capítulo 7 del libro de Justo de la Cueva La escisión del PNV. EA, HB, ETA y la deslegitimación del Estado español en Euskadi Sur, Txalaparta, Bilbao, 1988.Digitalizado por ARGALA TALDEA para la RED VASCA ROJA.
7.2. Un fallecimiento (el del Estatuto como pacto España-Euskadi)
y dos maneras de reaccionar: aguantarse y barajar (Arzalluz) o
forzar la renovación del pacto (Garaikoetxea)
La clave de la escisión del PNV es ésta: el fracaso del Estatuto Vasco de Autonomía.
Es un doble fracaso. En primer lugar el Estatuto Vasco es un fracaso para el Estado español. El Estado español había aceptado a regañadientes un pacto político (el Estatuto) con Euskadi en función de la esperanza de que bastase para resolver el problema vasco. Vale decir, lo que el Estado español define como "problema vasco": la acción de ETA y su apoyo por parte de la sociedad vasca. En 1983, cuatro años después de hacer el pacto, no ha funcionado. ETA sigue actuando y sigue teniendo apoyo popular. El Estado español no se ha legitimado en Euskadi.
En segundo lugar el Estatuto Vasco es un fracaso para el PNV. Había apostado por él como vía para acceder al autogobierno. Vía democrática –recuérdese la versión de Garaikoetxea –más lenta pero menos onerosa que la vía de la lucha armada. Y no ha funcionado. Lo que en su momento fue un pacto político entre el Estado español y Euskadi, un pacto sellado por Suarez y Garaikoetxea y que incluía cláusulas no escritas en el texto pero sobreentendidas (repásese el libro Estatuto Vasco de Bordegarai y Pastor, ya citado), ha quedado reducido a un texto jurídico. Y como el texto fue redactado de forma deliberadamente ambigua caben muchas lecturas. Y como para el Estado español el Estatuto no ha cumplido su justificación (acabar con ETA y sus apoyos) la lectura que se hace es cada vez más y más restrictiva. Fracaso para el PNV, para su apuesta.
Estos dos fracasos combinados son ya evidentes en junio de 1983, después de celebradas las elecciones municipales y autonómicas. Lo que sucede en el PNV es que se van a producir dos reacciones diferentes ante la evidencia del fallecimiento del Estatuto en tanto que pacto político Estado español –Euskadi. Para abreviar diremos que la "reacción Arzalluz" y la "reacción Garaikoetxea". Insistimos en que es para abreviar, por comodidad y porque ambos son los líderes visibles de las dos fracciones del PNV (que 3 años después serán dos partidos distintos). Pero por favor recuerde el lector que decir "reacción Arzalluz" y "reacción Garaikoetxea" es sólo una licencia en favor de la brevedad y de comodidad que no debe ser tomada literalmente, que no debe llevar a confundir el conflicto y las posiciones en el mismo como mero conflicto entre dos personalidades. Sin que ello signifique que el conflicto personal no exista y sin olvidar que la personalidad de los líderes visibles puede tener influencia decisiva no para el sentido último de la marcha de la Historia per sí para su ritmo, su velocidad, su tiempo. Recuérdese la metáfora: si el curso de la Historia es el curso de un río, la personalidad de los líderes no puede hacer que deje de correr hacia el mar, pero sí puede provocar que por un tiempo marche hacia atrás, de una vuelta y haga un meandro.
¿En qué se distinguen esas dos reacciones’. En lo siguiente:
Entiéndase, naturalmente, que ambas estrategias son "predominantes". La de Arzalluz también incluye plantarse con tozudez berroqueña en los momentos más propicios. La de Garaikoetxea incluye la flexibilidad calculada en los momentos precios. Pero lo que cuenta es el talante global.
Como es obvio, ambas estrategias se definen articulan en función de la consideración que hacen de "los otros", de ETA y HB. Del juicio de valor que formulan acerca de la capacidad que el bloque antisistema vasco tenga para coagular o no al pueblo vasco descontento y frustrado cuando se haga evidente el fracaso de la vía estatutaria. La "reacción Arzalluz" teme menos que la "reacción Garaikoetxea" a esa posible capacidad. Y confía más en la eficacia de las "divinas palabras", de las explicaciones que el PNV pueda dar a los vascos de la nueva situación, porque las va a dar el PNV e irán cargadas con el valor místico/mágico que la historia proporciona a los guardianes de la llama sagrada del aranismo sabiniano. La "reacción Garaikoetxea" confía menos en esos recursos y teme más a la eficacia de la dialéctica de los hechos mezclada con la mística del sacrificio y la demostrada habilidad en la "agitprop" del bloque de los irreductibles.
Probablemente ambos juicios de valor están fuertemente condicionados por la experiencia biográfica de los grupos de hombres y mujeres que constituyen el soporte personal de ambas "reacciones". También predominantemente (porque hay "vieja guardia" en ambas fracciones) los de la "reacción Arzalluz" tienen "su filtro de Sherif" forjado en la época franquista. Empleamos aquí la expresión "filtro de Sherif" para Arzalluz para indicar la teoría sociológica formulada por Sherif, según la cual "situaciones relativamente estructuradas constituyen un filtro para la percepción y los juicios subjetivos". Los de la "reacción Arzalluz" han forjado su valoración sobre la capacidad de arrastre político de ETA en su personal vivencia de los años de la década de los setenta. Recuerdan muy bien como en los años setenta (70-76) ETA se había convertido en la voz, QUE NO EN EL TEXTO, de la sociedad vasca silenciada por el franquismo y tienen la vivencia de que su confianza en la fuerza de la doctrina y de la historia y de la magia del PNV se confirmó con los resultados de los procesos electorales. Así como en el Estado español el PCE no recibió la mayoritaria adhesión electoral de las masas que parecería inevitable recompensa a su absoluto protagonismo en la lucha clandestina contra Franco y los millones que no habían luchado prefirieron votar a otros que tampoco habían luchado (que eran iguales que ellos por tanto) y que sin embargo eran "de boquilla" tan rojos o más que el PCE aunque evidentemente menos perseguibles y más aceptables por los poderes fácticos supérstites, así pasó con ETA y el PNV. Es una vieja ley de los comportamientos de masas. Recuérdese que los bolcheviques fueron los protagonistas de primera línea en las luchas de la Revolución de febrero de 1917, pero las masas que no habían luchado con ellos no les votaron y les hicieron minoritarios en el Congreso de los Soviets. Y si la memoria colectiva sobre la "marca de fábrica" del PSOE pesó varias veces más que la participación práctica en la lucha clandestina antifranquista, la "marca de fábrica" del PNV pesó más que la ejecutoria práctica de ETA. Esa vivencia proporciona probablemente su propio "filtro de Sherif" a los de la "reacción Arzalluz" para tranquilizarles frente a las consecuencias del fiasco del Estatuto.
A su vez, los de la "reacción Garaikoetxea" han construido su experiencia primordialmente en el postfranquismo y son por ello muy conscientes de la diferencia que para la acción de agitación y propaganda supone la actuación en una dictadura declarada respecto de la actuación en una democracia formal burguesa. Ellos tienen la vivencia de la importancia de la creación de imagen y de la influencia en la definición social de la realidad. Ellos mismos (en el pulso de enero de 1984 ganado al EBB) y en la campaña para el 30.11.1986 han demostrado que las "divinas palabras" y la "marca de fábrica" de un viejo partido pueden ser contrarrestados con una adecuada agitación y propaganda que emplée adecuadamente los medios de comunicación de masas. Esa vivencia personal les proporciona probablemente su "filtro de Sherif" propio, que les hace más sensibles a las repercusiones inducibles en las masas de un fiasco político notorio.
Y, naturalmente, como es el ser el que condiciona la conciencia y no al revés, la "reacción Arzalluz" y la "reacción Garaikoetxea" están probablemente inducidas por la predominante pertenencia de sus cúpulas respectivas a dos categorías distintas de intereses de clase. Por un lado ("reacción Arzalluz") los que, quizá incluso mejor situados que los otros, aspiran sobre todo a mantener y consolidar los niveles de poder económico locales que poseen, entendiendo por "locales" los ínsitos en la formación social vasca. Por otro lado ("reacción Garaikoetxea") los que no se contentan con ello y aspiran a mejorar su presencia en la cadena imperialista mundial mejorando su cuota –parte de influencia y protagonismo en ella.
Valgan, de momento, estas pinceladas descriptivas de ambas "reacciones". Para formular ya, en síntesis, en qué consisten.
La "reacción Arzalluz" consiste en aguantarse y barajar. En capear el temporal, en esperar tiempos mejores. En consolidar lo conseguido pactando con las fuerzas dominantes del Estado español la colaboración con ellas a cambio, precisamente, de esa consolidación, (que, naturalmente, no tiene que "parecer" estática sino aparecer como avance).
La "reacción Garaikoetxea" consiste básicamente en forzar una novación del pacto político. Consiste en convencer al Estado español de que, si no se produce la renovación del pacto Estado español –Euskadi, las cosas se van a poner muy mal. Y en convertirse en el inevitable interlocutor de ese nuevo pacto, aureolado como el único tapón, la última barrera que pude impedir que las aguas del pueblo vasco se vuelquen en el depósito de los irreductibles, de los violentos.
Nuestra tesis es que ambas "reacciones" comienzan a cuajar en el verano de 1983. Y que la sucesión de los acontecimientos las va desarrollando y enfrentando dialécticamente entre sí y con el doble frente Estado español –ETA/HB hasta que "explosiona" la escisión.
Los próximos apartados persiguen la demostración de que esa andadura fue así.
7.3. El período crucial (4-11-1982/26-2-1984) y el decisivo
mayo de 1983.